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El romanticismo dorado con el cual se corría en los circuitos de Fórmula Uno hace más de 50 años, ha quedado por completo rebasado. Actualmente, el único romanticismo existente es el delirio de las miles de fanáticas del automovilismo de alta velocidad, que palidecen al ver de cerca o por la televisión a sus pilotos favoritos.

La realidad de la F1 está fincada al 100 por ciento en una sólida y expansiva estructura de negocios. A partir de la consolidación en el control de los derechos televisivos y comerciales del gran circo automotriz por parte de Bernie Ecclestone, la F1 entró en la inercia, en ocasiones laberíntica, de los negocios, las ganancias multimillonarias, los contratos a mediano y largo plazo y, lo más importante, la percepción y realización de más y más negocios.

Este año, al parecer, la importancia de hacer crecer el negocio F1 estará a la par, e incluso podrá superar, a la importancia que por sí misma tiene la F1 y toda su actividad deportiva. Sumando la realización de la primera carrera nocturna en la historia de este deporte, la inauguración del circuito de Valencia, las remodelaciones al circuito inglés y otros asuntos es por completo claro que el negocio no sólo va bien sino que, ha retomado un gran crecimiento.

A tal punto es la importancia del circo multimillonario en el circo de la velocidad que, el autódromo norteamericano retirado para esta temporada está haciendo hasta lo imposible por llegar a un nuevo acuerdo con Ecclestone y así, tener para 2009 nuevamente la visita de los bólidos F1.

También se destacan los esfuerzos emprendidos por varios autódromos, obviamente apoyados por sus autoridades e iniciativa privada interesados, por llevar a cabo importantes remodelaciones, ampliaciones, adecuaciones de pista, pits y zonas VIP, así como importantes obras de mantenimiento para mantener en óptimas condiciones sus instalaciones haciéndolas, a la vez, cada vez más interesantes para beneficio del negocio en F1.

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