Como hacía años no sucedía, el Gran Premio de Mónaco tiene, para su versión 2008, al frente de su parrilla de salida a los dos automóviles Ferrari. Inmediatamente tras éstos, se han colocado los dos McLaren cerrando la tercera fila un BMW y un Williams.

Para sorpresa de muchos, incluido el propio ganador de la pole position, el asfalto de Montecarlo será abierto a la competencia por los bólidos rojos. Una arrancada vestida de rojo es algo que muy pocas veces ha conseguido la Escudería italiana y hoy, se le da como consecuencia al buen desciframiento que de las circunstancias y requerimientos de la pista ha hecho.

Es sabido por todos que la pista de Mónaco es muy complicada, sin casi posibilidad alguna para rebasar y exigente como pocas en el mundo. Incluso, para muchos pilotos además de ser de alguna manera la “gran carrera”, también representa una de las pistas menos deseadas para correr y, en la cual es prácticamente imposible llevar a cabo una vuelta perfecta.

Todo lo anterior pone a prueba a todos los equipos, especialmente a los líderes, demandando grandes esfuerzos, precisión extra y, una concentración elevadísima de principio a fin en cada vuelta. Al parecer esta circunstancia ha sido dominada, por lo menos en las clasificatorias, por Ferrari y sus pilotos.

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