Escándalo Mosley, un acto más
Porfirio | 28 - 05 - 2008
Un nuevo acto del escándalo Mosley se escribió y escenificó en los pits, zona exclusiva (VIP), pista de Mónaco y sus alrededores en donde, el principal actor de éste, Max Mosley, demostró una cualidad hasta ahora desconocida: parecerse a un camaleón perfecto. Habiendo llegado con una sonrisa imperturbable pero, habiendo desarrollado una frenética actividad de intercambio de opiniones, su presencia en Mónaco dejó mucho más para el cuestionamiento que para la claridad.
Como ya he sabido, a partir de la publicación de su participación en aquella fiesta orgíastica, los días y las noches de Mosley han estado marcadas por el escándalo y la incertidumbre. Después de su ausencia en tres Grandes Premios consecutivos, su arribo a Mónaco no sólo marcó el término de la congelación de declaraciones sino, el reinicio de una serie de encuentros públicos, semi-privados y privados tanto con los jefes y dueños de las Escuderías F1 como con los más importantes patrocinadores de ésta.
Uno de los elementos más importantes que se han añadido a este escándalo, es la construcción de una serie de cuestionamientos, por demás razonables y sólidos, en relación a las verdaderas razones que por un lado impulsan a Mosley a aferrarse a la dirección de la FIA y, por el otro, llevan a la mayor parte de las Escuderías F1 a mantenerse en su posición de solicitar la renuncia inmediata de Mosley.
Dos puntos sobresalen de entre la maraña de cuestionamientos: el asunto relativo a los cambios en el reglamento y, la renegociación del Acuerdo Concordia en el cual están involucrados, nada más y nada menos, que los intereses comerciales, televisivos y de patrocinio que en buena medida permiten el sostenimiento y manutención de cada serial F1.
De lo anterior se desprende que hay mucho más de fondo que sólo una fiesta con tintes cuestionables en el terreno privado y moral y que, involucran directamente la delicadísima estructura económico-financiera de la Fórmula Uno así como, una serie de compromisos a mediano y largo plazo sobre asuntos comerciales y de patrocinio en los cuales, sin lugar a dudas, el que tiene el privilegio de decisión es Bernie Ecclestone y no Max Mosley.

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