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Además de la alegría desbordada que vivió Lewis Hamilton con su triunfo en el Gran Premio de Gran Bretaña, la victoria lograda por el piloto británico fue de principio a fin por nota. Exhibiendo quizá la mejor demostración de conducción F1 en su aún corta carrera, Hamilton no cometió errores y su equipo operó la estrategia a la perfección.

Desde la arrancada en el circuito inglés se palpó la posibilidad de una carrera, como en efecto lo fue, por completo irregular y llena de altibajos provocados fundamentalmente por la fuerte lluvia y la por momentos escasa visibilidad. Aún y con el contratiempo climático, Hamilton y McLaren supieron descifrar, como pocas veces en este serial, la carrera.

Habiendo iniciado en la cuarta posición de la parrilla de salida, el piloto número uno de McLaren logró antes de la segunda curva colocarse en la primera posición para, apoyado por una excelente estrategia de pits y mecánica, mantenerla hasta el final de la competencia. Las vicisitudes padecidas por otras Escuderías no fueron impedimento para el triunfo inglés.

El regreso de Hamilton al podio demuestra entre otras cosas, la irregularidad en los posibles pronósticos para cada Gran Premio a efectuarse y, la creciente competitividad e igualdad que están logrando varios pilotos y sus correspondientes equipos. Como en pocos seriales en la última década, en éste de 2008 todo parece ser imprevisible.

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